miércoles, 16 de octubre de 2019


Cuentos que les harán sentir
Inspirándonos en los hermanos Grimm

Nuestro nacimiento se produce en el seno de un inconsciente colectivo, creador de imágenes hereditarias. Así habla Carl Gustav Jung, psicólogo y ensayista suizo, en referencia a la importancia de conocernos como individuos de la cultura. Y es que el folclore forma parte ineludible de esta, y su incorporación a la escuela no supone menos que hacer del niño amigo de la herencia de una palabra que ha perdurado de generación en generación y de pueblo en pueblo durante años. El aula debe encargarse de que perdure esta tradición en clave oral, y hacer a su alumno partícipe inseparable de la linealidad causada a raíz del folclore. Necesita, además, y más en los tiempos que corren, que sean las palabras las que despierten su imaginación, y no las pantallas, que de sus oídos sientan y de su boca quieran hacer sentir, que no requieran de instrumentos, que su curiosidad se vea instigada por unos personajes fantásticos cuya simbología se deja aun a la comprensión de su imaginación, cada vez más mermada, quizás casi apagada, o destronada, en los tiempos que corren.

La elección de los textos folclóricos, mal llamados infantiles, pero casi normalizados como tales, viene de la mano de Jacob y Wilhelm Grimm, recopiladores de Juan el Fiel, El Rey de las Ranas y El Señor Sabelotodo, cuentos todos escogidos aquí para un análisis relativo a su idoneidad y uso en el aula. El primero de ellos, Juan el Fiel, cuenta la historia de un criado de la corte real, que por su proximidad al rey, ya moribundo, promete a este en su lecho de muerte que velará por su hijo. Entre otras cosas promete también que nunca daría paso a la entrada de su hijo a una alcoba en la que aguardaba el cuadro de una bella mujer de la que al verla se enamoraría, pero sin poder impedir esto, el criado acabaría guiando al nuevo rey al encuentro de esta bella dama. De tal suerte consiguen el criado y el nuevo rey engañar a esta joven para embarcar en un navío destino a palacio, pero en el trayecto el criado escucha a unas cornejas parlotear sobre tres desafortunados hechos que sucederían nada más atracar en el puerto. De esta manera, el criado fiel hace todo por evitar los males de esos hechos, y tras lograr desviar las acometidas, acaba por ser despreciado y condenado a muerte por el rey. A punto de morir, el criado le confiesa al rey el porqué de su hacer, pero al estar su confesión condicionada a no ser nunca contada, Juan acaba por convertirse en piedra. El cuento acaba pasados unos años, ya casados los reyes y concebidos dos hermosos hijos. La estatua del criado, presente todavía, parece revivir y pedir al rey que le resucite, aludiendo como condicionante el cortar la cabeza a sus propios hijos. Este, decide de justicia hacerlo, y al acto de ejecutarlos Juan el Fiel revive y, por querencia divina resucita a los hijos en respuesta a la valentía del rey.

El segundo cuento, El Rey de las Ranas, trata la historia de una joven princesa, que un día jugando en un bosque cercano a palacio, pierde su pelota de oro en el interior de una fuente demasiado profunda. De tal suerte la princesa se encuentra con una rana que dice poder rescatar la pelota a cambio de ser su compañera, sentarse en su mesa, dormir en su cama y compartir su mismo tiempo. La princesa acepta sin pensárselo, y la rana, por supuesto, recupera su pelota sin vacilar y se la entrega a la niña. Cuando esta última la obtiene, se va. Con posterioridad se producen varios intentos por parte de la rana de que se vea cumplida la promesa en cuestión. El padre de la princesa, de hecho, se acabaría enterando de la situación y obligando a su hija a cumplir con su palabra. Por la noche, ya en su alcoba, la niña estampa la rana contra una pared, y esta se convierte en un príncipe que, como se explica, fue hechizado por una bruja con anterioridad. Acaban, los dos, viajando al día siguiente en un coche rumbo al palacio del último, para vivir así una vida plena y feliz.

El último cuento, El Señor Sabelotodo, trata de un zapatero vanidoso, arrogante y austero que pasa su día a día criticando el trabajo de los demás y señalando todos los defectos que en este encuentra. La historia se centra en un sueño tenido por este señor, en el que comienza muriéndose y viajando al cielo, y encontrándose a los pies de San Pedro procede a entrar bajo la condición de nunca quejarse ni criticar lo que ve a su alrededor. Tras múltiples dificultades en situaciones que Sabelotodo observa, se da con una de la que no puede evitar quejarse. Se trata de un carruaje encallado en un hoyo. Nuestro protagonista cree que se necesitaría de cuatro caballos para sacarlo de su agujero, pero solo se presentan dos. Ante sus quejas, aparecen dos nuevos, pero en vez de situarse en la parte delantera del carro, como los que le precedían, se situaban en la trasera. Ante la incredulidad de Sabelotodo los ángeles le expulsan del cielo, y ya, según se aleja, observa asombrado como el carro es levantado por estos caballos, que pensaba en un principio que eran como los demás, aun resultando luego ser voladores.

Los tres cuentos aquí resumidos me gustan bastante, y creo esa razón necesaria para su selección, ya que de esta forma mi narración será seguro más sentida, y por ende más vivida por los niños. Estos parecen, además, idóneos para trabajarse en quinto de primaria. Los diez años son una edad en la que las operaciones mentales aplicadas a eventos concretos se hacen ya casi del todo sólidas, por lo que el niño es capaz de identificar a los personajes con roles previamente concebidos. Tanto el criado, como la princesa, y como el señor Sabelotodo, son personajes caracterizados, bien descritos por los hermanos Grimm como personas leales, ingenuas o engreídas, y fáciles de distinguirse por su personalidad. No son personajes tan complejos como para asumir una personalidad difícil, o un sentido de una ética gobernada por una doble moral, sino que se limitan a adquirir unos roles que el niño identifica, juzga y, quizás, comprende. Las tres historias, poseen además interés pedagógico, en tanto en cuanto estimulan la fantasía y la imaginación del niño, así como psicológico, ya que le ayudarán a conocerse tras haber empatizado con los caracteres asumidos. Por último, a la edad de 10 años los niños distan de ser dependientes intelectualmente, sino que muchas veces esperan que se les rete para probar sus limitaciones y observar hasta donde pueden llegar. Y es que este tipo de cuentos folclóricos, al contrario que otros donde los personajes pueden dejarse llevar, pueden plantear múltiples debates para que los niños de esta edad puedan expresar sus primeras opiniones al respecto de la consecución de los hechos.

En lo referente al uso en el aula, quizás parece lógico sugerir un cambio en el cuento de Juan el Criado, en lo que respecta a la parte en la que la estatua pide al rey que corte la cabeza a los hijos y que con su sangre cubra el rostro de la primera. Quizás no deba ser necesario ser tan frívolo, ni por supuesto tan violento, por lo que bastaría con el mero hecho de sacrificarlos, o quizás desterrarlos, en orden de no herir la sensibilidad de los espectadores. El segundo cuento no parece necesitar de modificación alguna al ser contado. Sin embargo, el tercero sí que se podría adaptar en el caso de encontrarse el maestro en un centro público, por supuesto no religioso, en el que se pueda sustituir al cielo o a San Pedro por un mundo perfecto y un amo de llaves de ese mundo. Pero independientemente de dichos cambios susceptibles o no de ser aplicados, a criterio del orador, sí que sería necesario hacer especial hincapié en el contexto. Se podría trabajar la literatura lejos de las mesas, en un espacio abierto y cómodo. Quizás convendría apartar las mesas y pegarlas a la pared, para poder así desplegar una gran alfombra en la que los niños puedan sentarse o incluso tumbarse libremente, de cara a despertar su imaginación al no verse coartados por la sensación de encerrona que a veces producen sus pupitres. Así, ya preparado el maestro, y ya preparados los niños, se comenzaría con los cuentos.

El maestro comenzaría a contar, en voz alta y clara, repitiendo las expresiones frecuentes con el mismo acento con el que lo hizo anteriormente, y omitiendo, modificando y añadiendo elementos previamente preparados. Pero lo más interesante, es el trabajo que este traería consigo durante y tras recitar el cuento. En primer lugar se comenzaría describiendo a los personajes tal y como en las recopilaciones de los hermanos Grimm aparecen. Se narraría la apariencia del criado, de la princesa y del señor Sabelotodo y se haría una pausa para preguntarles a los alumnos cómo se imaginan a los personajes. Evidentemente su físico y su psicología vienen ya definidos en el cuento, pero esta es una forma idónea para que demuestren el entendimiento de elementos denotativos.

A continuación se continuaría con el nudo de la historia, siendo conveniente realizar pausas en los puntos más álgidos para volver a preguntar a los niños. En este caso se les preguntaría sobre qué harían ellos. Por ejemplo, en el caso de El Rey de las Ranas, se les podría preguntar qué harían ellos ante la amenaza de la rana de no darle cobijo en su cama. Pero también se les podría preguntar sobre que situaciones de su realidad han vivido parecidas a las del Señor Sabelotodo con los carpinteros, por ejemplo, en orden de introducir el simbolismo, del que enseguida nos encargaremos. ¿Qué les parece lo que hizo el rey matando a sus hijos? o ¿qué opinan sobre la actuación de la princesa estampando al sapo contra la pared? Son otras preguntas que hacen a los niños empatizar con los personajes. Dichas cuestiones, todas ellas, deben estar comprendidas a lo largo de la narración, de cara a que el cuento-fórum sea más interactivo. Quizás sea conveniente hacer estas preguntas tanto de manera general como individualizada, preguntando de repente a un niño en concreto sobre la actuación de tal o cual personaje, de cara a que todos estén prevenidos por si les toca responder, y así no perder la atención ya no en la historia sino en la dinámica. Al finalizar el relato, será necesario preguntar a los niños si han aprendido algo, y en caso afirmativo hacer que señalen el qué. No se trata de conseguir que los niños entiendan las significaciones que los adultos extraen, sino de que construyan ellos mismos las suyas, ya que si no se les estaría confundiendo, así como negando sus capacidades de comprensión. De esta forma, tras finalizar el cuento-fórum, el maestro se habría asegurado de que sus alumnos, tras un trabajo puramente literario, hayan comprendido el relato, juzgado los hechos y adquirido unas enseñanzas.

En lo referido a la simbología, cabe hacer referencia a ciertos personajes y arquetipos, pero teniendo presente que aun siendo uno de los objetivos el que el niño entienda el uso simbólico de la literatura, no se debe forzar un entendimiento racional de abstracciones cuando aún no es propio de su edad el trabajo sobre las formalidades de lo abstracto. Es necesario, por tanto, ir poco a poco, y en vez de preguntar directamente sobre la simbolización, encaminar las preguntas hacia la significación. Esto es, en vez de preguntar sobre qué simboliza este personaje o este arquetipo, cuestionar con quién identifica este u otro personaje. Parece claro que las cornejas, en el primer cuento, son animales mágicos bien parecidos a adivinadores, o que la rana, en el segundo, sea el príncipe que salva a la princesa de su ingenuidad. Pero, reiteramos, es imprescindible que sean los niños los que poco a poco encuentren el porqué de estas figuras, por lo que igual es necesario contar el cuento más de una vez, subrayar los momentos clave, dar verosimilitud a las conceptualizaciones que pudieran dar lugar a error…

Y es que trabajar el folclore en el aula requiere de un esfuerzo. Es por eso precisamente por lo que conviene saber de la importancia de su trabajo, de las claves en su preparación y de la potenciación de su desarrollo. Es necesario trabajar los textos al detalle, de forma que al narrarlos queden impregnados en los corazones de los niños. Cuarenta años después, el niño, ya hecho hombre, debe recordar estas historias, y no solo eso, debe evocar el ambiente que se respiraba cuando su maestro se ponía a entonarlas, como eran sus expresiones, como de embobados se quedaban todos al oírle hablar. Y contarlas a sus hijos, en orden de continuar esa linealidad, y no perderlas con el paso del tiempo, con el cambio de aires.

Referencias

Grimm, J. Grim, W. (1812). Los cuentos folclóricos y de hadas originales de los Hermanos Grimm (Juan el fiel). Nueva Jersey, Estados Unidos: Princeton University Press.
Grimm, J. Grim, W. (1812). Los cuentos folclóricos y de hadas originales de los Hermanos Grimm (El rey de las ranas). Nueva Jersey, Estados Unidos: Princeton University Press.
Grimm, J. Grim, W. (1812). Los cuentos folclóricos y de hadas originales de los Hermanos Grimm (El señor sabelotodo). Nueva Jersey, Estados Unidos: Princeton University Press.
Propp, V. (1928). Morfología del cuento. Barcelona: Editorial Fundamentos.
Pelegrín, A. (2004). La aventura de oír: cuentos y memorias de tradición oral. Madrid: Editorial Cincel.

martes, 1 de octubre de 2019



Lili, Libertad
Llevando al aula el libro de Moure

Pensaba en el viento, en un salto interminable por encima de un escenario infinito, suspendido en una nota musical. Son palabras de Gonzalo Moure, en su libro Lili, Libertad, cuyo éxito ha sido reconocido por tantos literatos infantiles, y galardonado con el Premio Barco de Vapor y Premio Jaén de Literatura Juvenil. La elección de este libro toma sus bases en la realidad de una obra poética, labrada desde la sencillez de una historia que pudiera ser banal, sino se perforase en el intelecto de una niña que, sin llegar a quererlo, rompe las reglas e inspira a aquellos a despertar de un letargo que parecía normalizarse. La sencillez de la estructura y lo bello del argumento son, pues, lo que llaman a la atracción de esta obra y su inclusión en un aula de primaria. Así pues, introduzcamos el libro en cuestión. Lili, Libertad, de Gonzalo Moure Trenor, fue publicado por primera vez en 1996 por la editorial SM, en su colección El Barco de Vapor, y su ilustración (solo la cubierta), viene de la mano de Alicia Cañas. El libro, según expone la editorial, viene decididamente enforcado para un público adolescente, de más de 12 años, aunque, como hipótesis de partida, tras una primera batida por las páginas, parece más adecuado para chicos de entre 10 y 11 años, concretamente para el curso de sexto de Educación Primaria.

a) Análisis del formato

Comencemos por lo puramente formal, analizando el formato del libro y todo lo que no se refiere al contenido. En primer lugar llama la atención el aspecto externo. Se trata de un libro de bolsillo, de lámina blanda y hojas blancas de una calidad un tanto entredicha, lo que no deja de trastocar una de sus finalidades que es la edición y producción en masa de este libro de cara a la venta para escolares. Su manejabilidad, aun con ello, es ideal para un niño de sexto curso, ya que, por un lado, tiene un tamaño ideal para ser cogido por un escolar, y por otro, las hojas son un tanto más gruesas lo que permite su paso sin que se peguen o se solapen entre ellas. Es un libro cómodo para un niño de esta edad. En lo referente a las ilustraciones, cabe señalar que el libro solo posee una, que se sitúa en su portada, y que a lo largo de una lectura que en un principio parece sencilla, no se añade ninguna otra. La imagen de la portada acoge un fondo azul sobre el que bailan dos pies envueltos en bailarinas, que se disponen en lo que en términos de ballet implica una tercera posición de Sauté. Las bailarinas son rosas y su contraste con el azul implica una atracción de la atención del lector hacia ellas. La portada es sugerente, sí… Pero no sé si lo sería tanto para un público infantil, especialmente si queremos atraer la lectura de los niños, tanto como la de las niñas, que bien por roles impuestos, o bien por estigmatización social, se verán más persuadidas por el baile que ellos. Cierto es que su significado va en correlación con lo lingüístico, pero quizás convendría adecuar la imagen no solo al contenido, sino también al lector del contenido. La tipografía, sin embargo, si invita a la lectura. Se trata de una fuente Times New Roman, de un tamaño aproximado de 12 pts. Esta característica va en consonancia con la edad a la que refiero va enforcado el libro. A los niños de esta edad se les hacen pesadas las letras tan juntas y las palabras tan poco espaciadas, así como las fuentes pequeñas y el formato tan acortado. Por muy corto que sea el libro, siempre les será pesado leer un texto cuya tipografía no se adecúe a su intelecto, por lo que parece que Ediciones SM acierta de manera flagrante al exponer en sus libros tanta sencillez en el formato.

b) Análisis del contenido

Pasemos ahora analizar el contenido, y no pudiendo ser de otra forma, comenzaremos por la temática. Lili, Libertad presenta una temática principal seguida de otras de consideración para el lector. Se puede afirmar que la obra trata de hacer ver cómo la transgresión de lo usual inspira a la reflexión sobre los estándares normalizados. Lili es una niña que, independientemente de sus motivaciones, que pasaremos a explicar posteriormente, aparece en clase el día de Carnaval, en el que todo el mundo va disfrazado, sin disfraz, mientras que el resto de los días de la semana, ya ordinarios, viene al aula disfrazada de bailarina. Y aunque al principio todo son mofas y reproches hacia ella, quien rompe con las reglas impuestas por un maestro que alega tener la supremacía de la razón mediante una autoridad que cada vez se debilita más y más, con el paso del tiempo va generando en sus compañeros un sentimiento de identificación, crítica y respuesta. Lili es, al final, un ente que inspira a los niños a cuestionase el porqué de las cosas, a remover en ellos un espíritu crítico que se ve necesario en el último ciclo de primaria. Por eso pienso que el libro es perfecto para un lector de sexto curso, porque esta invitación a la reflexión conceptual viene de la mano con el paso de la etapa de operaciones concretas, en las que el niño aún necesita reflexionar mediante objetos, a una etapa de operaciones formales, en las que ya se despierta la abstracción y la búsqueda de una reflexión más allá de lo pragmático. Esta etapa, dice Piaget, comienza ya a los 11 años, y trata sobre la búsqueda del yo sensible, intelectual, ideal y lógico. Pero también hay otras temáticas, aunque ya secundarias, de las que me gustaría subrayar dos. La primera es sobre los niveles de afección de un niño cuyos padres acaban de separarse, y de cómo por culpa de las preocupaciones de estos, el niño se ve mermado en una realidad solitaria de la que no se le despierta. Este tema se adecúa perfectamente a la realidad de tantos niños, cada vez en mayor número, que sufren el divorcio de sus padres, y que pueden sentirse perfectamente identificados. Por otro lado se toca, o mejor dicho, se esboza, un tema candente como es el del acoso escolar. Lili vive el rechazo de sus compañeros por transgredir con lo usual, con el status quo de lo teóricamente correcto. Muchos niños se sentirán identificados con esto, y observarán como los problemas de la protagonista irán reduciéndose según se hace más valiente, y cómo la mentalidad de sus compañeros cambiará de forma progresiva con el paso de los días.

En lo que se refiere a la estructura del texto, esta parece clara en cuanto al núcleo, pero cabe resaltar que este se presenta en el contexto de una intrahistoria que se cuenta dentro de una historia principal, aunque se poca relevancia. El libro comienza hablando en primera persona sobre un escritor de literatura juvenil que va a un colegio a animar a los niños a leer y escribir, y que finalmente acaba haciendo buenas migas con la directora, que a propósito de una anécdota, le cuenta, a lo largo de una tarde, la historia de Lili. Aunque dicha intrahistoria sea el núcleo de la obra, es verdad que el autor usa la historia principal de la directora al final de cada capítulo como conexión con el que le prosigue. Esta peculiaridad, parece hacer afable la lectura, pero quizás, un niño de 11 años no pueda entender, a pesar de separar la cursiva de la fuente normal, cuándo se habla de la intrahistoria y cuando no. Aun con ello, y con la ayuda de un maestro, parece que sí lograría adquirir esa sensibilidad. Pero centrándonos en el núcleo, el argumento presenta un planteamiento, en el que se afinan las características y contexto de la protagonista, un nudo, en el que el maestro invita a los niños a venir disfrazados por Carnaval y Lili no lo hace el día indicado sino otro, y un desenlace, en el que ya se logra que los personajes secundarios empaticen con Lili hasta el punto de trasgredir la norma. Este final es hermoso, y lo que lo hace esencialmente bello es que es abierto, y que deja margen al lector para imaginar lo que desee, poniendo a prueba esta abstracción en el pensamiento de la que hablábamos anteriormente, y en la que un niño de 11 años debe sumergirse. Por esta razón, la estructura me parece idónea para la edad y el curso referidos.

En cuanto a los personajes, la protagonista del relato es un tanto compleja, pero a la postre de su complejidad parece identificarse perfectamente con las características de un niño de 11 años. Aunque es verdad que Lili no es una niña usual, y que hace algunas cosas que no suelen hacer los niños, como por ejemplo no ver la tele, cenar sin hablar… esto no parece más que el resultado de la intencionalidad de un autor que quiere darle complejidad al personaje, que, sí es verdad, que atiende a las preocupaciones de una niña de 11 años, habla como una niña de 11 años, y por supuesto siente como una niña de 11 años. Se trata de un personaje en un principio solitario y encerrado en su mundo interior. Se observa que no habla con nadie, ni siquiera con su madre muchas veces, y que se pasa el día imaginando en su cabeza fantasías tales como las palabras que ve reflejadas en el pelo de Pepa. También es una niña acomplejada, y entre líneas se deduce como esto viene causado por la separación de sus padres y el poco tiempo que la madre puede dedicarle. Esto no desentona con una personalidad pesimista, que ve su ciudad como un complejo de grises y su colegio como un contexto carcelario más propio de una realidad en la que no se quiere ver sumergida. A su vez Lili sufre bullying, y aunque quizás las cosas que le pasaban estaban más normalizadas en los 90, parece que muchos niños de sexto curso se podrían ver identificados con ella, ya que es justo uno de los peores cursos, donde más avivada está esta problemática. Lili es, a fin de resumir, un personaje idóneo por su contexto, y aún más para niños de padres divorciados, o que sufren bullying, pero también para otros, que no se dan cuenta de una realidad hasta que alguien no les despierta de la suya. Los demás personajes asumen un rol claramente identificable para un niño de la edad en la que tratamos. Aunque complejos, ya que la psicología tanto de la madre como del maestro lo son, los niños llegan a entender su presencia, e incluso empatizan con su forma de ser y de pensar. La madre es una mujer trabajadora, que se nota que tras su divorcio se ha tenido que buscar un trabajo que le reporte mayores beneficios. Con lo que se ve que no cuenta, es con que su nueva vida laboral es demasiado intensa y, a veces, deja de atender las necesidades de la protagonista. Los niños de sexto necesitan personajes así, con el que identifiquen el rol de un padre o madre que muchas veces no tiene tiempo para ellos. Al final, muchas veces, lo que quieren es ser escuchados. En cuanto a la figura del maestro, pinta el cuadro de una figura completamente autoritaria, cuyas normas giran a su alrededor y que fundamenta su por qué en la disciplina y el programa. Aun con esto, se ve a un personaje cansado, desgastado con el paso del tiempo. Se vislumbra la figura de un joven idealista que se ha hecho mayor, y que se ha acabado por convertir en algo que nunca quiso. Este personaje irá cambiando su personalidad según se desarrollan los acontecimientos, hasta el punto de que el lector pueda sentir verdadera empatía por la figura del maestro, algo que sin duda aporta un toque sublime para los niños de sexto curso, que, por lo general, tienden a ser egocéntricos y no ven que detrás de los roles que un maestro asume hay una persona. La abuela, Pepa o Héctor son personajes que, aunque no dan lugar a mucho diálogo, también aportan un significado a la obra, y sus roles son perfectamente identificables, lo cual no deja de ser positivo para un lector necesitado de aclaraciones.

El libro Lili, Libertad, es una obra en la que se subrayan, también, ciertos valores y contravalores. Tras su lectura parecen resonar múltiples elementos que relacionan el ser del personaje con la ética social, pero si quisiéramos destacar los más importantes, hablaríamos de valentía y desobediencia como valor y contravalor respectivamente. Por un lado se nos presenta un personaje poco a poco más valiente, y se observa como esta valentía implica consecuencias positivas. Se buscan niños valientes, la sociedad necesita de su ejemplo, y este libro es una oda a la valentía. En la otra cara nos encontramos con la desobediencia, y tendríamos que templar nuestra moralidad y reflexionar acerca de hasta qué punto esta aporta beneficios. ¡Tenemos aquí dos aspectos a trabajar en el aula! El libro invita a una reflexión sobre el valor de la valentía y la eficacia de la desobediencia, atraigamos a los alumnos a que debatan sobre ello, pero no les presentemos aun esta deducción, dejemos que la descubran por ellos mismos, quizás incluso saquen de la obra un debate aún más sorprendente.

Por último cabe hablar del lenguaje. En una primera lectura parece que este se adecua al nivel de desarrollo madurativo de un niño de 11 años, en lo que a su parte lingüística se refiere. Y es que, tras un análisis más exhaustivo, observamos como juega con la primera persona de la historia y la tercera de la intrahistoria, el desarrollo de diálogos suficientemente extensos y claramente diferenciados de la narración, la separación entre párrafos que se hacen bastante factibles de leer (salvo algunas excepciones de páginas que quizás fueran necesarias para la consecución del argumento), y, en general, estructuras morfosintácticas y un estilo personal del autor envidiable.

c) Conclusión final

A modo de conclusión, con este análisis vemos una clara relación entre los datos aquí facilitados y el contenido del tema uno de la asignatura Literatura española infantil y educación literaria, en cuanto al análisis y selección de literatura de autor se refiere. Además, esta actividad se ve perfectamente encaminada hacia un futuro docente en el que se podrá disponer tanto de herramientas metodológicas como de recursos didácticos para el correcto análisis y selección de textos literarios. Comprender la variabilidad del formato, la facilidad en la lectura, el contenido en relación con el desarrollo evolutivo del niño, y otros cuantos ítems, ya nombrados anteriormente son, sin duda, trabajos de verdadera utilidad de cara a un futuro. En cuanto al contenido del libro, podríamos decir que Lili, Libertad es un libro perfectamente adecuado para traerlo a un aula de sexto de primaria. La obra, digamos, se puede trabajar desde dos niveles, uno denotativo, gracias a la clarificación de su formato en cuanto aspecto y tipografía, y otro connotativo, por todo lo que implica su contenido y las reflexiones a las que da lugar tanto en su temática como con sus personajes, sin olvidar la importancia de la estructura, los valores que se trabajan, y la adecuación del vocabulario que Moure utiliza para facilitar su comprensión. Como dijimos anteriormente, tras realizar este primer análisis de lo literal, del propio contenido de la intrahistoria y de los acontecimientos que en esta sucede, el libro invita a una doble reflexión de la que se pueden hacer partícipes a los alumnos. Por un lado, podemos hablar de las reglas, de su finalidad y de si está bien sobrepasarlas. Traeremos a Lili como eje vertebrador de un dilema sobre sus actos, que piensen si actuó o no correctamente. Por otro, también podemos traer al aula el tema del acoso escolar, a la postre de situaciones que de ello implican y que con ello se derivan, llevando la realidad que en la obra vive la protagonista y valorando los hechos que acontecen en relación con este contenido. Además, ya finalizando, se podría realizar una actividad practica en la que, aprovechando lo abierto que queda el final, los niños puedan escribir, en una o dos frases, quién era el que entraba por la puerta y cómo entraba, o quien sospechan que es la protagonista, vistos los dos niveles estructurales del argumento. Pero ante todo, como hemos dicho en repetidas ocasiones, no se trata de plantearles un debate y presentarles el partido que deben de tomar, ni siquiera de señalarles las posturas, es importante que, desde su reflexión, ellos lleguen al debate, y que a partir de ahí surja la magia, esa que ellos tienen, al fin y al cabo seguramente nos sorprendan. No es necesario decirle al niño que ver, que pensar y que sentir. Ellos tienen capacidades de sobra, solo tenemos que entenderles. Al final, ellos solo quieren ser escuchados… Tal vez fuera esa la intención de Lili, o tal vez no, de todos modos, como dice nuestro autor en sus últimas líneas, ninguna historia se acaba.

Referencias

Moure, G. (1996). Lili, Libertad. Madrid: Ediciones SM.
Piaget, J. (1969). Psicología del niño. Ginebra: Ediciones Morata.
Piaget, J. (1980). Investigaciones sobre las correspondencias. Ginebra: Ediciones Morata.
Wild, R. (2016). Etapas del desarrollo. Berlín: Herder Editorial.
Armijo, C. (2011). El nonsense, un arma contra las mentalidades cuadradas. Recuperado de: http://www.online.lasallecampus.es.
Asociación Nacional de Editores. (2010). Libros infantiles y edición. Recuperado de: http://www.online.lasallecampus.es.
Centro de Orientación de Lectura. (1900). Características de los cuentos según la edad y etapa del desarrollo lector. Recuperado de: http://www.online.lasallecampus.es.
Cubells, F. (2011). Evolución de los intereses del niño en relación con la literatura. Recuperado de: http://www.online.lasallecampus.es.
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Triglia, A. (2018). Psicología y Mente. Las 4 etapas del desarrollo cognitivo de Jean Piaget. Recuperado de: psicologiaymente.com/desarrollo/etapas-desarrollo-cognitivo-jean-piaget.